Sab 2 Jul 2011
Verano fantástico de Italia en el Prado. Aunque parezca el reclamo publicitario de unos grandes almacenes, Roma toma literalmente la pinacoteca en los próximos meses. A la muestra dedicada al joven Ribera, que reúne su producción durante sus primeros años en Nápoles y Roma, y a la espera de que llegue a finales de este mes «El entierro de Cristo», de Caravaggio, obra maestra de los Museos Vaticanos, el Prado inaugura la exposición «Roma. Naturaleza e ideal». Organizada conjuntamente con el Louvre —ya se ha visto en el Grand Palais de París— y con la colaboración de la Comunidad de Madrid, la muestra aborda, a través de más de un centenar de pinturas y dibujos cedidos por 45 prestadores, el género del paisaje, que tuvo en Roma en el siglo XVII su Edad de Oro. Por allí pasó lo más granado de la época (artistas españoles, franceses, alemanes, italianos, holandeses…)
La Roma barroca se convirtió en la Arcadia perdida. Fue la mejor musa y, a la vez, un laboratorio de experimentación que permitió al paisaje tornarse un género pictórico autónomo, independiente de la figura humana. La naturaleza pasa a ser la auténtica protagonista de la pintura. Nace una nueva forma de ver, concebir y pintar el paisaje, explica Gabriele Finaldi, director adjunto de Conservación del Prado. Surge un nuevo gusto por la pintura del natural: los artistas esbozan sus trabajos en plena naturaleza y los concluyen en sus talleres. Pese a tal fiebre paisajística, ha sido un género olvidado y denostado en la Historia del Arte europeo. Junto a los bodegones se le ha considerado un género menor. Leer noticia